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Los opositores de hoy: “mercenarios”. ¿Se usó antes el epíteto?

Los cubanos, al intentar definirnos como nación, apelamos a ciertos rasgos pecularies para identificarnos. Uno de ellos es el uso de la descalificación del interlocutor en una polémica, sea acerca de un elevado tema filosófico o sobre la última jugada de la pareja en un juego de dominó. Si damos esta aseveración por cierta, nuestros gobernantes de las seis últimas décadas son eminentemente “cubanos”, no tanto por el alcance de su aceptación popular, como por el uso deportivo de la difamación personal. Incapaces o sin deseos de dialogar, desacreditan al interlocutor desde el mismo comienzo del debate, para restar importancia a su persona y, lo más importante, desviar la atención del problema a discusión. A partir del “Período Especial”, el adjetivo más usado con ese propósito en los medios es el de “mercenario”, cuando se refieren a cualquier polemista con una idea diferente de la doctrina gubernamental. ¿Es la difamación del oponente algo nuevo en los medios de comunicación cubanos? Veamos algunas ideas al respecto.

Durante el período entre el 23 de agosto de 1939 y el 22 de junio de 1941, los comunistas sostuvieron una campaña por todo el mundo, incluida Cuba, para difundir el carácter “imperialista” de la guerra sostenida por el Reino Unido y Francia (más los miembros de la resistencia de otros países como Polonia) contra la Alemania de Hitler. Ello permitía justificar ante la clase obrera internacional el pacto concertado entre Stalin y Hitler, como consecuencia del cual se dividieron entre sí, mediante respectivas y simultáneas invasiones, los territorios orientales y occidentales de Polonia. Se vindicaba también los miles de oficiales polacos fusilados y enterrados en fosas comunes por la tropas soviéticas, así como las decenas de miles de polacos muertos y heridos. De forma diligente, disponían a la clase trabajadora para oponerse a participar en esa guerra “imperialista”, y, por supuesto, a rechazar la declaración de guerra por parte del gobierno cubano contra cualquiera de los dos bandos. También dispusieron a los obreros contra el llamado a filas y preparación de tropas mediante una ley de servicio militar obligatorio. Entonces muchos cubanos describieron a sus compatriotas comunistas como “mercenarios” del imperialismo soviético.

Durante el período mencionado, y más tarde, los cubanos estuvieron siempre bien informados de los crímenes que se cometían en la entonces Unión Soviética.

Igual ocurrió con la invasión soviética a Finlandia, llevada a cabo tres meses después de invadir Polonia, razón por la cual la Unión Soviética fue expulsada de la Liga de Naciones. Ejecutada sin previa declaración de guerra ni rotura de relaciones diplomáticas, ésta resultó más duradera y sangrienta que la de Polonia (los combates duraron 105 días), como resultado de lo cual, perecieron decenas de miles de fineses, Stalin se quedó con más de 40 mil kilómetros cuadrados de tierra finesa (10 % del total), así como con buena parte de su parque industrial y un tercio de su capacidad generadora de energía hidroeléctrica. Otra vez los comunistas cubanos explicaron a los proletarios criollos la validez de semejante proceder. No es de extrañar que se les tratara nuevamente de “mercenarios” de Stalin.

Con grandes titulares de primera plana recogió la prensa nacional y local la invasión soviética a Finlandia. La mayoría de los periodistas que trataron el tema (de cualquier posición política, menos los comunistas), se expresaron de forma crítica sobre la decisión de Stalin.

Esa actividad proselitista de los marxistas cubanos cambió diametralmente el 22 de junio de 1941 con la invasión de la Unión Soviética por las tropas hitlerianas. Entonces comenzaron a llamar al conflicto armado “Gran Guerra Patria” (como la consideraban los soviéticos), y empezaron a fomentar entre los proletarios criollos asociaciones de ayuda “a la Unión Soviética, Inglaterra y demás pueblos que luchan contra el nazi fascismo” (desde hacía meses existían en Cuba, y en Cienfuegos particularmente, movimientos de ayuda a Francia e Inglaterra). Cuando en 1942 el gobierno de Fulgencio Batista, aliado en ese momento de los comunistas cubanos, comenzó a dar pasos para la aplicación de la ley de servicio militar obligatorio, lo apoyaron, y en mayo, antes de dictarse la ley, ya había 2000 jóvenes voluntarios enlistados preparándose. Otra vez, por lo evidente del instantáneo cambio radical de postura, volvió a llamársele “mercenarios” de Stalin.

Noticia en la prensa local de agosto de 1941: Primeras gestiones, promovidas por los comunistas cienfuegueros, para formar un comité de ayuda, esta vez a la Unión Soviétiva, tan pronto como la Alemania hitleriana desencadenó la invasión a la URSS, en junio de ese año.

Dejó de llamárseles “mercenarios” casi cuatro años más tarde, como resultado del colosal sacrificio realizado por la Unión Soviética en la guerra contra el fascismo. La memoria de los más de 30 millones de soviéticos fallecidos inclinó la balanza en el sentir del proletariado cubano. Muchos de ellos se acercaron a la ideología marxista. Se reconoció la legalidad del Partido, y hasta postularon candidatos en las elecciones presidenciales de la segunda mitad del decenio de 1940. A pesar de criticárseles su doctrina de “lucha de clases” y la intención de alcanzar el poder mediante la mesiánica clase obrera, ganaron la Secretaría General de la Confederación de Trabajadores de Cuba en 1947.

El colosal sacrificio de los soviéticos en la Segunda Guerra Mundial, y el clima internacional distendido que se produjo inmediatamente después de acabada (ahora con la URSS como potencia mundial), contribuyó a aumentar el grado de aceptación del ideario marxista-leninista entre los cubanos.

En la década de los cuarenta los marxistas cubanos se presentaron como candidatos a la Presidencia de la República y a otros puestos electivos.

Esta luna de miel con la cubanidad duró hasta 1956, con la invasión a Hungría por el mismo Ejército Rojo soviético libertador de media Europa, esta vez para sofocar una revolución popular iniciada por estudiantes. Los marxistas criollos comenzaron entonces una campaña para justificar el sangriento resultado de cerca de 2000 húngaros ejecutados sumariamente, 21 mil arrestados en campos de concentración, y alrededor de 200 mil exiliados. Nuevamente apareció entre la cubanidad el epíteto de “mercenarios” para describirlos, sólo que ésta vez ya no de Stalin (había fallecido en 1953), sino del imperialismo soviético.

La invasión soviética a Hungría para sofocar la revolución popular fue seguida día a día por la prensa nacional y local.

Lógicamente, para etiquetarlos con ese vocablo, muchos cubanos cuestionaban los viajes de los líderes comunistas a nombre de su partido a eventos, recorridos internacionales, y visitas a la propia Unión Soviética, preguntándose, tal y como hacen hoy las autoridades cubanas, de dónde le había entrado el agua al coco. Para explicárselo, entonces como en la actualidad, apuntaban a las frecuentes visitas de los líderes marxistas criollos a la embajada de la Unión Soviética, en esa época ubicada en Paseo y calle 15, Vedado, La Habana.

A la izquierda parte de la polémica pública sostenida por la marxista cienfueguera Edith García Buchaca con el Obispo de Cienfuegos Mons. Eduardo Martínez Dalmau. A su regreso de Hungría, a donde había viajado como Delegada al Congreso Internacional de Mujeres, García Buchaca respondió a un escrito publicado por Martínez Dalmau sobre el confinamiento a que estaba sometido por el gobierno comunista húngaro el cardenal Mindszenty, quien permaneció durante más de una década asilado en la embajada de los Estados Unidos en Budapest. Para comprender el por qué del presente texto, imaginen una polémica de este tipo con algún alto funcionario del PCC desde las páginas del diario “Granma”. El periódico local del cual tomamos la foto no sólo era apolítico, además, era de propiedad privada.

Fidel y la lucha armada: ¿una opción?

Recordemos otro tema poco divulgado por la historiografía de los últimos sesenta años, y por el cual los comunistas cubanos se ganaron el apellido “mercenarios” dogmáticos de una caduca ideología extranjera, aunque esta vez entre los luchadores del Movimiento 26 de Julio y otros grupos revolucionarios. Se trata de la posición del Partido con respecto a la lucha armada en nuestros montes y ciudades contra la tiranía de Fulgencio Batista. La decisión de participar en las acciones insurgentes la toman los marxistas criollos 15 meses después de iniciadas las operaciones de los rebeldes, y a escasos nueve meses de su final (manifiesto de marzo de 1958). Mientras tanto, excluidos por los dirigentes de la insurrección de sus planes revolucionarios, se limitaron a condenar los desmanes, denunciar los crímenes y a luchar por un “Frente Democrático”, mediante el cual, y la “lucha de clases” del mesiánico proletariado, se llegaría a una República democrática.

Recorte de la prensa local del día 28 de julio, dando a conocer los sucesos del ataque a los cuarteles “Moncada” de Santiago de Cuba y “Carlos Manuel de Céspedes” de Bayamo. En ese momento, y durante muchos meses más, los marxistas cubanos rechazaron la lucha armada por inviable para acabar con el régimen de Fulgencio Batista.

Veamos algunos momentos álgidos de esa posición partidista, desconectada de la realidad cubana, y empeñada en cumplir unos dogmas que para entonces ya tenían un siglo de enunciados. Varios meses después del golpe de estado de marzo de 1952, los líderes marxistas cubanos llamaron a las masas a apoyar su programa a favor de la reforma agraria, la nacionalización de las empresas de servicios públicos y otras demandas; mientras un grupo de jóvenes cubanos organizaba el asalto a los cuarteles “Moncada” y “Carlos Manuel de Céspedes”. En abril de 1954, transcurrido menos de un año del ataque al Moncada y la carnicería posterior llevada a cabo por los órganos represivos del régimen, el informe de una reunión del Comité Nacional del PSP decía: “el camino escogido por Fidel Castro y sus compañeros es falso”, y aunque reconocía la honestidad de los jóvenes involucrados, describieron la acción como “aventurera”. Después, y durante un tiempo, optaron por la vía electoral.

Lo más cerca que estuvieron los comunistas de las posiciones revolucionarias fue en la llamada “Línea de agosto” de 1956, que apelaba “a la acción extraparlamentaria, es decir, a la lucha directa de las masas, elevándola a la altura que fuera menester –incluso la isurrección popular”. Esa postura duró hasta la represión al levantamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba y la cacería de los miembros de la expedición del yate Granma, en que regresaron al reconocimiento de la lucha armada como variante impracticable. Ni siquiera el asalto al Palacio Presidencial, ni el levantamiento popular del 5 de septiembre en Cienfuegos, ni el asesinato de Frank País en Santiago de Cuba los hizo cambiar de opinión. Sólo en marzo de 1958, después de una gira de dos de sus líderes por Latinoamérica para explicar su decisión a los partidos “hermanos”, se incorporaron a la lucha armada como partido (excluyo algunos de sus miembros, integrantes de los grupos que luchaban en la Sierra y en el llano por iniciativa propia, nunca gracias al Partido, sino a pesar de sus directivas). Sobre la participación de los comunistas en la lucha armada en el terreno no me detengo, no lo merece.

Sorprende por todo ello, ver como el texto más reciente sobre el Levantamiento del Cinco de Septiembre en Cienfuegos, se empeña en remarcar la militancia comunista de algunos de sus participantes. Más aún, resulta poco creible la versión, bastante difundida, que achaca el giro al Marxismo timoneado en 1961 por los líderes de la revolución popular triunfante en 1959, a la vocación personal de sus dirigentes, especialmente de Fidel Castro. Cualquier cubano, después de 24 meses en la sozobra de la clandestinidad, o en las condiciones del conflicto armado de la Sierra Maestra, con seguridad vería con recelo las acciones de los marxistas, y los considerarían “mercenarios” de una ideología foránea. Algunos mal pensados, incluso, llegaron a especular que la demora en optar por participar en la lucha armada, se debió a una espera estratégica, con la esperanza de regresar a los anhelados tiempos de alianza de los marxistas con el “Madrugador” del 10 de marzo.

Carta de Fulgencio Batista a Blás Roca, fechada en junio de 1944, y publicada en el periódico “Hoy”, órgano de los comunistas cubanos. En ella ratifica “su convicción sobre la eficaz y leal cooperación que del Partido Socialista Popular y sus dirigentes y masas, ha tenido, y viene recibiendo mi gobierno”.

El uso de la libertad de expresión (el contexto).

Para entender el contexto en que se desenvolvieron los comunistas durante los 57 primeros años de la República, es indispensable recordar siempre tuvieron acceso a los espacios y medios públicos, unas veces mayor y otras más restringidos en los períodos de mayor represión. Dispusieron desde los años treinta de un órgano de prensa, el diario “Hoy”, editado en tres temporadas, marcadas por las clausuras gubernamentales sufridas. Incluso después de la clausura de 1953, lograron sustituirlo por el periódico “Carta Semanal” hasta el triunfo revolucionario. Más aún, sus militantes, e incluso el propio partido, encontraban espacios abiertos en la prensa nacional y en los órganos locales sostenidos en “el interior”. Causa asombro ver como figuras con un historial de decenios luchando por la libertad de expresión, y sometidos a discriminaciones y vejaciones como Juan Marinello o Blás Roca, al instalarse en el poder abogaron y contribuyeron a la desaparición de la cuantiosa y diversa prensa cubana, y a imprimirle a toda ella un sello partidista exclusivo y excluyente. Para aquilatar esta postura, imaginen hoy encontrarse en el periódico “Juventud Rebelde”, como lo hicieron ayer los líderes marxistas Joaquín Ordoqui o Jesús Menéndez en la prensa de entonces, al difunto Oswaldo Payá Sardiñas explicando el contenido del Proyecto Varela.

Así tenían la posibilidad de polemizar y difundir sus ideas los marxistas cubanos durante los 57 primeros años de la República. En la foto los descargos de cada parte, acerca de cómo debía monitorearse por el Estado la enseñanza privada. Tuvo lugar en los años cuarenta, mientras se elaboraban las leyes correspondientes para llevar a la práctica los preceptos de la Constitución de 1940. ¿Se imaginan un debate así desde las páginas del “Granma”?

También tuvieron bajo su dirección exclusiva desde los años cuarenta a la emisora de alcance nacional “Mil Diez”, conocida como “La emisora del pueblo”. Por si fuera poco, al menos en Cienfuegos dispusieron de la emisora local CMHM, y, aunque no dispongo de datos al respecto, con seguridad sostuvieron otras en diversas localidades “del interior” cubano. Se comprende mejor qué ha pasado en estos últimos 60 años si nos imaginamos hoy, como antes lo hizo el comunista Jorge Gaspar García Galló, al matancero Pedro Luis Boitell, fallecido durante una huelga de hambre en las prisiones cubanas, explicando su proyecto de país, por el cual se atrevió a luchar contra los regímenes de Fulgencio Batista, y después contra el de Fidel Castro.

En febrero de 1947 la prensa local divulgó el ataque a la emisora CMHM de los marxistas locales por un grupo de extremistas de la Legión Integralistas de Cuba.  En 1980, organizado por el partido comunista y el gobierno, se aplicó la violencia a la “escoria”, etiqueta colocada a aquellos decididos a marcharse por el Mariel. En esos “actos de repudio”, se prodigó la agresividad física y la intimidatoria, pintando las fachadas de sus casas con lanzamientos de chapapote o huevos. ¿Imaginan a las víctimas de esos hechos denunciandolos en el periódico “Trabajadores”?

La descalificación personal “mercenario”: ¿convicción o maniobra?

Los cubanos, por su idiosincracia, tienden a descalificar rápidamente a la persona etiquetada con ese adjetivo (y con ella a sus ideas). Lo sabían los esbirros de la palabra de antes, y lo saben los de hoy. Sin embargo, ¿ahora su uso se hace desde una convicción, o es una maniobra?

Hace algunos meses, en un intercambio con un dirigente de la cultura de Cienfuegos (antes había sido funcionario del PCC), éste me dejó bien claro que “ni a los mercenarios ni a sus ideas les prestaríamos atención”. Le respondí que yo hasta podía firmar esa aseveración, pero antes debía responderme: y a quienes no reciben ni un centavo por exponer ideas contrarias al régimen, ¿cuál es la vía para expresar sus ideales, como la tuvieron entonces los marxistas cubanos? Por supuesto, ahí terminó todo, con el silencio. Es obvio, hasta hoy no hay ningún interés de dialogar. El objetivo, además de descreditar, es generar una diversión para imponer sin obstáculos un pensamiento único.

Hoy puedo hasta contabilizar: recientemente al menos 706 mil cubanos expresaron públicamente su desacuerdo con el régimen. De ellos, la casi totalidad no reciben ninguna “retribución de un gobierno extranjero” como reza la acepción de esa palabra en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. ¿Tienen hoy esos cubanos, como tuvieron ayer los comunistas, algún espacio en los medios de comunicación criollos? La respuesta a esa pregunta ya la sabemos.

Veamos otro enfoque. Funcionarios que hoy usan a diestra y siniestra ese epíteto para descalificar a los conterráneos opositores, y reciben por ello una remuneración y prestaciones con los dineros míos y suyos lector, es decir, dineros públicos, ¿podrán ser considerados también “mercenarios” del régimen?

Conclusiones.

La primera y más criolla: si hoy a usted lo califican de “mercenario” por expresarse en oposición al actual estado de cosas en Cuba, no se preocupe, no se apure, usted también puede llegar al poder, ya lo ha demostrado la historia patria.

La segunda, un poco más seria: por si no se ha dado cuenta, nuestra actualidad está cambiando. Primero tuvimos un “Maleconazo” espontáneo en 1994, ahora tenemos una marcha no autorizada de activistas y miembros de la comunidad LGTBI, de la cual pudimos ser testigos en vivo tanto de la marcha, como al final de la violenta actuación de los esbirros gubernamentales. Cada día son más los “mercenarios” que transmiten vía Internet no sólo la actualidad, también los abusos y arbitrariedades del régimen, y los diversos proyectos imaginados para la promisoria Cuba futura. Cierto que todavía la audiencia se constriñe a los pocos que pueden pagar un servicio de Internet igual de caro como deficiente. Pero por eso tampoco se preocupe usted. Los jóvenes asaltantes del Moncada fueron un puñado entre casi seis millones de cubanos. Por otro lado, los contados ejemplares de “La Historia me absolverá”, llegaron también a muy pocos destinatarios.

¡Ah, me olvidaba! Esbirro: el que sirve a otro para ejecutar violencias y desafueros. Mercenario: Persona dispuesta a realizar cualquier trabajo por una paga. Definiciones según el Diccionario de la RALE, y mi personal intención en este texto. Todo aclarado, para evitar confusiones.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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