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de lectura

El cubano de hoy es una “criatura de tristeza”, como diría el periodista, escritor y poeta criollo Miguel de Marcos (La Habana 1894-Ídem 1954). Décadas de adoctrinamiento, de destrucción oficial sistemática de las más genuinas tradiciones y valores, han propagado la desesperanza nacional en el futuro. Cuando hace unos años leí este trabajo, se quedó en la zona de mi ser donde guardo las cosas que considero antológicas. Por eso quiero compartir un fragmento con ustedes, para mi, esencial en la conceptualización de la cubanidad. Por eso y, además, para nuestros jóvenes periodistas como material de referencia.

El artículo se publicó bajo el título “Tristeza de Cuba” en el periódico habanero “Avance”, ejemplar del 17 de noviembre de 1938. El texto es expresión de sabiduría acumulada, manifestada con una prosa limpia, barroca, pero sin adornos superfluos. Por este trabajo recibió ese año el premio “Justo de Lara”, muy valorado por los periodistas de la época. Por cierto, ese reconocimiento lo entregaba la tienda “El Encanto” de la calle Galiano y San Rafael, y quienes lo recibían lo ostentaban con orgullo y agradecimiento.

Fragmento del artículo "Tristeza de Cuba"

Un día el cubano -dos siglos de fuete sobre el lomo tundido- ya en República, quiso romper el asedio hosco de su tristeza congénita, esa tristeza que está en su guitarra taciturna y en su facecia postiza. Se entregó a los excesos del espíritu crítico. Quemó con sus ácidos las ideas sagradas: patria, religión, moral, familia. La epopeya, en sus labios, fue una baratija, una quincallería trivial. Acaso en la demolición estéril le ayudaron los propios guerreros, los propios patriotas con sus platitudes y sus rebajamientos.

El espíritu crítico en sus manos de indígena tomó todas las modalidades. Fue pedante y fue chocarrero. Se cubrió con aires de mistificación intelectual y envolvió las palabras con el parche bronco del bongó. El juicio brotó del café ruidoso, entre un estruendo de zambra, de pereza y de tazas turbias. Ese espíritu crítico se injertó en la murmuración, y ésta, para su dictamen, guiñó el ojo pícaro.

Era una manera de gozar los encantos de la libertad: el vituperio con los codos sobre un velador. En el fondo todo eso -en el falso intelectual, en el político, en el hombre de negocios y en el vociferante vendedor de mangos- era la caída en el denigramiento. Después de ese ejercicio liviano, después de ese bojeo en una jofaina, el cubano se sintió más triste. El denigramiento macizo, compacto, era una herida más en su flanco sangriento y palpitante. En su hora lúcida, frente a la grosera deformación de su sentido crítico, comprendió toda la extensión y toda la profundidad de su gangrena, de su debilidad, de su humillación, de su impotencia. Y he aquí como un ser que debía poseer la divina infancia del corazón es una criatura de tristeza.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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