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de lectura

Desde hace algún tiempo, los medios oficialistas cubanos reconocen lo que llaman “pérdida de valores” en la sociedad, y, consecuentemente, ejecutan campañas comunicativas para promoverlos. Algunos especialistas más sinceros y osados, se han atrevido a calificar la situación en la TV nacional como una verdadera crisis. Es curioso, en mi juventud, con el mismo gobierno y partido vigentes (no olvidar que #somos continuidad), las actitudes debidas a falta de valores se cosideraban “rezagos del pasado”, y entonces, con la figura de Fulgencio Batista como colcha de trapear, se justificaba la existencia “todavía” de esos comportamientos como reflejo de un pasado siempre peor.

Lo cierto es que, estando anclado a bordo de un barco en Gibraltar, mientras veía por la televisión una carrera de babosas (no me equivoqué al escribir), tuve el privilegio de pasar a la historia como uno de los primeros cubanos en saber sobre el fallecimiento de ese personaje. De eso hace casi medio siglo, tiempo suficiente para convertir el “pasado” causante de la falta de valores en “presente” digno de ser enjuiciado. Veamos algunos aspectos no tratados por nuestros medios sobre el tema. La generación educada inmediatamente después del triunfo popular del 1º de enero de 1959, creció entre carteles y consignas llamando a la violencia (metralletas checas en cualquier esquina, la constante “amenaza” de una intervención armada, los miembros del MINFAR y del MININT como sujetos intocables, definitivamente por encima de nuestra realidad). Incluso la academia no se libró de esa ola: por más de tres lustros debimos repetir la certeza “la lucha armada es la única vía para alcanzar el poder en Latinoamérica”.

Vinculado con ello está el reconocimiento como heróico y como propuesta de conducta, la sostenida por los agentes de inteligencia, artistas del secretismo y la doble cara para hacer su trabajo. Como ejemplos cito primero el serial “En silencio ha tenido que ser”, de mediocre factura, aunque en su momento todo un “boom”. Más tarde, la cruzada por todo el país de más de una decena de agentes encubiertos “quemados”, a raíz de la deserción de un Coronel del MININT, de apellido Aspillaga, quien había trabajado para la CIA durante varias décadas. Después, todavía vivo en la memoria, la campaña por los “Cinco Héroes”, cualquiera de ellos presentados por los medios como ejemplo de padre, pintor, poeta, compositor, etc.

De igual forma, y hasta nuestros días, la delación del compatriota se considera un acto patriótico. Antes, la cubanidad utilizaba el término “chivato”, para despreciar a quienes a tal cosa se dedicaban. Incluso un número de la “Bolita” se vincula con ese vocablo, gracias al salario pagado mensualmente a dichos sujetos por el sanguinario régimen de Gerardo Machado, consistente en un tercio de cien. Hasta 1959 se cumplió aquello de “Roma paga a los traidores, pero los detesta”.

Con el triunfo revolucionario comenzaron a llamarse “informantes”, ni siquiera se les paga (no me refiero a los agentes profesionales encubiertos), pero están listos para ofrecer cualquier información a la Policía, y especialmente al Dpto. de la Seguridad del Estado. Aclaro no se trata de denunciar un asesinato, por ejemplo, sino en la mayoría de los casos versa sobre la forma de pensar y de vivir de un vecino, con el cual ha convivido más tiempo que con su propia madre. De hecho, la organización más masiva y con presencia más diseminada de la sociedad cubana actual, tiene como principal labor la vigilancia. Precisamente por ese motivo los CDR serán una de las primeras instituciones en desaparecer como resultado de cualquier cambio político en Cuba.

No olvidemos tampoco las escuelas en el campo, supuestamente establecidas según un principio martiano, con decenas de edificaciones distribuidas por los campos cubanos. La familia era otro “rezago del pasado”. Los más dogmáticos incluso apelaban a Engels y su trabajo profético sobre la desaparición de la familia y el estado. Para formar al hombre nuevo, éste debía trabajar y estudiar en contacto con la agricultura y en medio de la nada. Hasta una canción de hermosa melodía, interpretada por el Grupo de Experimentación Sonora certificaba: “ésta es la nueva casa / ésta es la nueva escuela / casa y escuela nueva / como cuna de nueva raza”.

También las nuevas generaciones se enfrentaron a la desaparición del cambio generacional natural. Los jóvenes en Cuba saben bien su lugar, a la sombra de la “generación histórica”. Otra vez resulta simpático: transcurridos casí 60 años de la República, Tomás Estrada Palma era recordado sólo por historiadores, políticos o interesados; en los 60 años “revolucionarios” transcurridos, los medios siguen proponiéndonos como ejemplo casi exclusiva y excluyentemente los hechos y actitudes de los miembros de la “generación histórica”. En aquéllos 57 años surgieron de forma natural varias generaciones, partiendo de Enrique José Varona, pasando por Juan Marinello y Jorge Mañach, hasta llegar a Frank País y Huber Matos, por sólo mencionar un par de nombres. Los jóvenes de éstos 60 años no tuvieron igual suerte con el cambio generacional, y quienes lo intentaron no tuvieron igual permanencia en la memoria colectiva. Para cersiorarse, pregúntese a cualquier joven criollo quiénes fueron Roberto Robaina o Carlos Lage.

Así, entre llamados a la violencia; secretismo y doble cara; delación del compatriota; separación a edades tempranas de la familia; supresión del cambio generacional y otros “excipientes”, se fueron formando varias generaciones. ¿Qué podía esperarse? Ya sin necesidad de profetizar, estamos disfrutando de la violencia como modo muy difundido de expresión, la doble cara y la doble moral como modo de sobrevivencia (http://www.cienfuegosdecuba.com/cubahoy/reaolver-robar); la delación patriótica como intimidante social, y en lo personal como forma de sentirse pérfidamente empoderado; los valores familiares deteriorados por muchos factores; y la migración desesperada de cientos de jóvenes convencidos de la falta de futuro en su propia patria. ¡Ah! me olvidaba... nada de ésto tiene que ver ya con Batista.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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